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El pintor y estibador algecireño Víctor Jerez analiza el gran momento que vive tras cuatro años codeándose con deportistas y artistas de primera talla mundial

Gracias a sus espectaculares dotes con un pincel, este algecireño se ha ganado, por derecho propio y en apenas cuatro años, la admiración del mundo del deporte, de profesionales del golf, el fútbol…, pero sobre todo del polo y el tenis. Fue en los torneos de esta última modalidad que se celebran durante el verano en Sotogrande, cuando Víctor Jerez encontró el escenario propicio para exponer públicamente el arte que ya en casa conocían de sobra, gracias a una gran cantidad de trabajos que realizaba reproduciéndo dibujos de series y películas que habían marcado su juventud.

Luego vendría el salto de las canchas de polo a las de tenis, en el Madrid Open, para pintar mientras competían a los mejores del ranking mundial, acumulando obras que se han ido ganando el reconocimiento de las primeras figuras: Nadal, Jokovic y compañía, y despertando el asombro en otros muchos ligados a otros deportes como Raúl, Vicente del Bosque o la mismísima selección española de fútbol.

Dicen que el artista se entiende con el artista y, de este modo, cantantes de la talla de David Bisbal, Manuel Carrasco o Miguel Poveda también han pegado a su puerta para que inmortalizara algún momento mágico, muchos de ellos solidarios y de gran trascendencia en nuestro país, sembrando una amistad que, conociendo la calidad personal de Víctor, se mantendrá de por vida.

El pintor de los deportistas, como así le conocen, también – o primero – es estibador y como tal festeja que el conflicto de la reforma del sector haya culminado devolviendo la paz social al puerto de Algeciras, donde no puede pasar desapercibido, al haberse convertido para sus compañeros en todo un referente.

Actualmente admite que anda demasiado saturado de trabajo y compromisos, aunque reconoce que es su momento y que seguirá dibujando sonrisas de famosos, pero sin olvidarse de su familia, de su gente, de sus paisanos, a los que recuerda que el mejor cuadro no hace falta pintarlo porque sólo basta con levantar la cabeza y ver lo que tenemos a nuestro alrededor.